6 ago 2009

Cuidado con las referencias

Llevaríamos varios minutos a la par cuando me di cuenta del otro nadador en la calle contigua. Manteníamos un buen ritmo y, para matar el tiempo, entré en el juego de competir a ver quien se cansaba antes...

Muy de vez en cuando suelo ir a una piscina cubierta cerca de donde vivo para hacer algo de ejercicio. Siempre pongo como objetivo nadar un mínimo de cincuenta largos a una velocidad moderada y terminar mirando el reloj para ver la marca. Procuro hacer el mismo o mejor tiempo cada vez que voy ¡Y lo consigo! :)

… Fue después de unos doscientos metros de carrera cuando me acordé del tiempo y de los cincuenta largos. Entonces me di cuenta; habría prestado al ritmo del otro nadador la atención necesaria como para olvidar mi propio ritmo, que es el que realmente me impulsa a hacer la marca... Y una voz insinuante resonó en mi pensamiento: “¡Espabila! Puedes nadar más rápido ¿Y pierdes tiempo en comparaciones?”. Raudo, hice los ajustes necesarios.

Reflexioné sobre el hecho “Si bajé mi propio ritmo nadando porque me sentía cómodo tomando el del otro como referente... ¿No estaré haciendo lo mismo con mis objetivos más generales?”... ¡Hételo ahí! Ciertamente, estaba jugando al mismo juego fuera de la piscina. Muchas veces, por “circunstancias de la vida”, nos encontramos rodeamos de personas que nos ayudan bien poco a sacar lo mejor de nosotr@s mism@s. Afortunadamente, hay otras con las que podemos cooperar para seguir desarrollando todo nuestro potencial. Por cierto, recuerdo una frase que dice algo como: “La persona no es hija de las circunstancias, las circunstancias lo son de la persona”.

Hacerme consciente de esta sutil “trampa mental” me sorprendió gratamente. Ahora procuro tener diariamente más presentes mis objetivos personales y, por si acaso, ya me pregunta la voz “¿Cuál es la "calidad" de las referencias que tienes a tu alrededor?... ¿Estás dando el 100% o simplemente comparándote con alguien en el logro de tal o cual objetivo?... ¿Te ayuda esa referencia externa a darlo todo de ti mismo o es un lastre que impide que des todo lo que puedes dar?”

La norma impone una referencia, una medición. Seguro que puedes encontrar ejemplos de este condicionamiento en la escuela y familia. Ahora bien ¿Nos paramos a pensar si esa referencia social y del entorno más cercano es buena para nosotr@s mism@s? Si un@ compite y realmente es “mejor”, pierde, porque seguramente podría llegar más alto (Si es eso lo que busca al competir); si un@ compite y es “peor”, pierde, “siempre hay un pez más grande” y posiblemente esa forma de pensar le hará pasar mucho tiempo a disgusto.

Por otra parte, la competición se centra en el resultado. “Competir con uno mismo”, vale ¿Y cuando disfrutamos del camino? “Competición sana”, de acuerdo ¿Sana como dicen que lo es el vino tinto? La filosofía de la competición-comparación, pienso, ofrece una perspectiva limitada de las opciones que pueden hacernos llevar una vida más rica.

¿Qué pasaría si en lugar de comparaciones buscásemos conscientemente “inspiraciones” por ejemplo en personas, o algunas de sus facetas, que nos sirvieran de modelo para “nuestras” más altas aspiraciones? Dicen que en las relaciones entre personas se forman sistemas, “círlulos” en los que se da y recibe por retroalimentación ¿Por qué no hacerlos constructivos,“virtuosos”?
¿Qué se puede esperar de un mundo en que un@s "ganan" y otr@s "pierden"? ¿Qué tal si tod@s ganamos?

¿Competición?... No se yo, amigo Darwin.